Fiscalidad líquida, una economía cambiante y parches fiscales

El filósofo polaco Zygmunt Bauman, acuñó el término Modernidad Líquida, para referirse, dicho de una forma muy simple, a que nos encontramos ante una continuación caótica de la modernidad, donde una persona puede cambiar de una posición social a otra de manera fluida, de forma que nos convertimos en "personas líquidas" que fluyen a través de su propia vida como un turista, cambiando sitios, trabajos, cónyuges, valores, etc. De esta forma nos encontraríamos ante un modelo social, donde lo público retrocede ante el individualismo, hasta la desintegración del concepto de ciudadanía. En definitiva, el resultado es una mentalidad con énfasis en el cambio más que en la permanencia.

Si Bauman fuera abogado tributarista, es probable que en estos momentos escribiera una obra que podría llamarse Fiscalidad Líquida. En la cual se definiría a una clase política líquida que tras perder el control de una economía digital basada en los Datos y no los bienes, que no entiende y que cada vez entenderá menos, fluye a través de montañas de normas que intentan poner parches, ante una realidad que cambia de forma constante.

Ante una fiscalidad pensada para una economía más propia de la revolución industrial, las prácticas de trasvase fiscal de las grandes tecnológicas estadounidenses, y más concretamente de las conocidas como GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) y otras grandes multinacionales por todos conocidas, ponen en jaque una y otra vez a los Gobiernos, que por ahora, sólo actúan imponiendo multas millonarias y reuniéndose desde hace cinco años para desarrollar el famoso "proyecto BEPS" (del inglés «Base Erosión and Profit Shifting», en español «Erosión de la base imponible y traslado de beneficios»), que a mi juicio, ha quedado en unas medidas más bien tímidas que sólo ayudan a los países desarrollados y no a los países en vías de desarrollo que son los que más sufren estas medidas.

Como muestra, hay bastantes artículos centrados en mal llamado Impuesto Wallapop, algo que en general a los fiscalistas nos pareció, dicho sea con los debidos respetos, una tontería. Muchos de ellos indicaban "a partir de ahora tendrás que pagar un 4% por tus ventas en Wallapop", cuando la realidad, al menos desde el año 1993 es que "tienes" que pagar, o mejor dicho, has tenido que pagar siempre por ello. Este mero recordatorio de la Hacienda Pública, que supone centrar el debate en si habrá que pagar el 4% por vender una mesita de café a tu vecino es ciertamente no entender el verdadero problema al que nos enfrentamos, y supone poner el foco de la fiscalidad, por enésima vez, en la parte más débil de la ecuación.


El 21 de marzo, la Comisión Europea presentó el paquete europeo de medidas relativas a la fiscalidad de la economía digital ( A Fair and Efficient Tax System in the European Union for the Single Market ) apenas unos días después de que la OCDE hubiera presentado su "Interim report" sobre "Tax Challenges Arising from Digitalisation" (16 Marzo de 2018), que evidenció la falta de consenso suficiente entre los más de 100 países integrantes del "BEPS Inclusive Framework" a la hora de alcanzar acuerdos básicos sobre el desarrollo coordinado a nivel internacional de la revisión de las reglas actuales de nexus & profit allocation a efectos de adecuarlas a la nueva economía digitalizada.

A grandes rasgos, el paquete europeo propone la aplicación de un nuevo impuesto a las empresas de la economía digital que la CE ha aconsejado que sea del 3%. Según el paquete, se considerará que una plataforma digital tiene una “presencia digital” gravable o un establecimiento permanente virtual en un Estado miembro si supera el umbral de siete millones de euros de ingresos anuales en un Estado miembro, tiene más de 100.000 usuarios en un Estado miembro durante un ejercicio fiscal o en un ejercicio fiscal se generan más de 3.000 contratos de servicios digitales entre la sociedad y los usuarios. Un avance que podría recaudar impuestos a Google, Amazon o Microsoft, pero que no eliminaría las prácticas BEPS ni la elusión de impuestos mientras siga siendo rentable evadir y, viendo el tipo impositivo real que pagan algunas compañías, no parece que gravar sus ingresos con un 3% vaya a ser una barrera sólida a esas prácticas.


No quiero entrar en la discusión de si el gravamen propuesto es alto o bajo, o incluso conveniente, simplemente hay que ser consciente de que como dice la frase, habitualmente atribuida a Benjamin Franklin pero utilizada anteriormente por Daniel Defoe, la muerte y los impuestos son las dos únicas cosas completamente ciertas en la vida. Y que la Data Economy estará gravada con nuevos impuestos, es inevitable.


Obviamente, nuestra sociedad (y también la economía) ha cambiado radicalmente, y aún quedan cambios profundamente disruptivos. Y, si la economía cambia, debe cambiar también la forma de hacerla tributar, tanto para adaptarse a ella, como para mantener el sistema, de forma que no se impongan impuestos del pasado a las nuevas formas de hacer negocio, que potencialmente son las "llamadas" a ser las creadoras de empleo.

Y a mi juicio ello no pasa por crear impuestos a medida de los cuatro grandes. Lo que hay que entender es el cambio de modelo económico de la revolución industrial a la Data Economy, y de esa forma, en su conjunto, regular un sistema fiscal tanto para las GAFA como para todas las demás compañías y startups.

Por ahora los burócratas no pueden seguir sin ser conscientes de que los datos son la materia prima del siglo XXI. Pero hasta que eso no se entienda, las medidas seguirán siendo parches y seguiremos viendo cada año como nacen miles de normas fiscales del más diverso pelaje que nos hacen fluir de contribuyentes a súbditos.

Pablo Gallego Manzano